I think sea is depressing
seagulls eat rubbish
seahorses love each other
and all means nothing.
Moon's shiny when white
furious when red
refreshing when blue
and all means nothing.
Sky's calming when blue
disturbing when red
discouraging when grey
and all means nothing.
I see the roads dividing
couples breaking up
men crying in the corners
and all means nothing.
---
Sí, la segunda.
viernes, 31 de julio de 2009
lunes, 27 de julio de 2009
Hope
Every single lonely night
A skinny light appeared on the sky
Constant bright into the dark
As god made it beautiful and warm
But so far, so far…
Every single lonely night
She seemed bigger at my sight
She seemed clearer in my mind
Could be a dream or some alike
But so far, so far…
Every single lonely night
I had to go making my way
Thinking probably someday
She would come here to stay
But so far, so far…
---
Lo siento por los que no manejen inglés, pero es la letra de mi primera canción.
Lenta e intimista, of course.
Un sospiro - Liszt
A skinny light appeared on the sky
Constant bright into the dark
As god made it beautiful and warm
But so far, so far…
Every single lonely night
She seemed bigger at my sight
She seemed clearer in my mind
Could be a dream or some alike
But so far, so far…
Every single lonely night
I had to go making my way
Thinking probably someday
She would come here to stay
But so far, so far…
---
Lo siento por los que no manejen inglés, pero es la letra de mi primera canción.
Lenta e intimista, of course.
Un sospiro - Liszt
jueves, 23 de julio de 2009
Carga
El día que el chico de atrás se suicidó, era un día normal. De clase.
Lo encontraron en la bañera, 6 horas después, calculan los médicos. Hay quien dice que lo notó distante ese día, y quien dice haberlo visto como siempre.
La críptica frase encontrada al lado sobre un papel: “No os preocupéis, solo lo entendí”
Las habladurías corrieron.
Todos se preguntaban qué era lo que había entendido. Se empezó a interrogar a amigos, sobre si le había pasado, visto u oído algo que le hubiese dolido, si sabían a qué se refería. Lastimosa necedad.
La profesora de literatura, creyendo haberla entendido, la hizo ver a los alumnos como un magnífico ejemplo de miniaturización literaria: en seis palabras estaba su vida, estaba su muerte. Los padres se enteraron y lo consideraron una falta de respeto.
El de filosofía también creyó entenderla, y se torturó por ello.
El existencialismo entraba en el temario, no era culpa suya, no.
Se discutió si la frase podía ser el epitafio que deseaba.
Finalmente fue lo que pusieron en la lápida. A los días descubrieron bajo la mesilla de la habitación sus últimas voluntades. El viento debió habérselas llevado.
Por desgracia quería otro epitafio. Además de una canción para el entierro, y nada de pésames. Demasiado tarde.
Se reanudaron las clases, reinando el silencio. Era innecesaria aquella solemnidad.
Nadie entendió que no había nada que entender.
---
Papá cuéntame otra vez - Ismael Serrano
Lo encontraron en la bañera, 6 horas después, calculan los médicos. Hay quien dice que lo notó distante ese día, y quien dice haberlo visto como siempre.
La críptica frase encontrada al lado sobre un papel: “No os preocupéis, solo lo entendí”
Las habladurías corrieron.
Todos se preguntaban qué era lo que había entendido. Se empezó a interrogar a amigos, sobre si le había pasado, visto u oído algo que le hubiese dolido, si sabían a qué se refería. Lastimosa necedad.
La profesora de literatura, creyendo haberla entendido, la hizo ver a los alumnos como un magnífico ejemplo de miniaturización literaria: en seis palabras estaba su vida, estaba su muerte. Los padres se enteraron y lo consideraron una falta de respeto.
El de filosofía también creyó entenderla, y se torturó por ello.
El existencialismo entraba en el temario, no era culpa suya, no.
Se discutió si la frase podía ser el epitafio que deseaba.
Finalmente fue lo que pusieron en la lápida. A los días descubrieron bajo la mesilla de la habitación sus últimas voluntades. El viento debió habérselas llevado.
Por desgracia quería otro epitafio. Además de una canción para el entierro, y nada de pésames. Demasiado tarde.
Se reanudaron las clases, reinando el silencio. Era innecesaria aquella solemnidad.
Nadie entendió que no había nada que entender.
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Papá cuéntame otra vez - Ismael Serrano
martes, 21 de julio de 2009
Apagamiento
A mí antes me gustaba la música clásica. Me apasionaba, llegaba a lo físico; podía hacerme llorar, bailar, derretirme o encenderme. Pasó un día que dejó de ser así, y vale, podía entender una obra lógicamente, incluso disfrutarla en ese aspecto...pero en fin, no era lo mismo.
En esos momentos, el concierto me resultaba aburridísimo (¿Es este el Mesías del que tanto he oído hablar?) Y aprovechaba para mirar el techo, y perderme allí en los pensamientos, con la música de fondo. (¿Si me aburre, no será acaso culpa del autor, o soy yo que no lo entiendo?)
Por lo general estaba lleno de viejos que buscaban matar el tiempo. En el banco de la izquierda una mujer convencía a sus hijos para aguantar un poco más. A la derecha, había un vagabundo de los de barba y gorra, con los ojos cerrados plácidamente . (¿Está disfrutando de veras?!)
Estuve absorto y enfurismado un rato, pues me dolía pensar que un indigente entendiese y disfrutase aquello mejor que yo. No lo merecía.
Pensé para aliviarme que tal vez se estaba durmiendo (sí, eso es!) pero cuando llegó el magnánime Allelluyah, salí de dudas, pues empezó a canturrear la melodía alegremente. Dios, al principio lo odié, pero luego, inexplicablemente, deseé volver al principio de la obra porque sentía que la disfrutaría de verdad.
No. No
Empecé a llorar porque había entendido que no era así, que jamás volvería aquello. Mientras, los metales y la percusión sonaban atronadores, y el murmuro los acompañaba, y cuanto más alto, más muerto me sentía. Llegó el unísono final y el público irrumpió en aplausos. ¿Por qué me resultaba todo tan apagado? Sentí miedo al pensar en cómo arrastraría los días a partir de entonces, porque ya no era sólo eso, era todo. En cuanto me di cuenta, el vagabundo ya no estaba.
Salí de la iglesia aún con las mejillas calientes, e, inusual en mí, volví a casa por el camino más corto.
----
Y venga existencialismo, y venga...
The stranger song - Leonard Cohen
En esos momentos, el concierto me resultaba aburridísimo (¿Es este el Mesías del que tanto he oído hablar?) Y aprovechaba para mirar el techo, y perderme allí en los pensamientos, con la música de fondo. (¿Si me aburre, no será acaso culpa del autor, o soy yo que no lo entiendo?)
Por lo general estaba lleno de viejos que buscaban matar el tiempo. En el banco de la izquierda una mujer convencía a sus hijos para aguantar un poco más. A la derecha, había un vagabundo de los de barba y gorra, con los ojos cerrados plácidamente . (¿Está disfrutando de veras?!)
Estuve absorto y enfurismado un rato, pues me dolía pensar que un indigente entendiese y disfrutase aquello mejor que yo. No lo merecía.
Pensé para aliviarme que tal vez se estaba durmiendo (sí, eso es!) pero cuando llegó el magnánime Allelluyah, salí de dudas, pues empezó a canturrear la melodía alegremente. Dios, al principio lo odié, pero luego, inexplicablemente, deseé volver al principio de la obra porque sentía que la disfrutaría de verdad.
No. No
Empecé a llorar porque había entendido que no era así, que jamás volvería aquello. Mientras, los metales y la percusión sonaban atronadores, y el murmuro los acompañaba, y cuanto más alto, más muerto me sentía. Llegó el unísono final y el público irrumpió en aplausos. ¿Por qué me resultaba todo tan apagado? Sentí miedo al pensar en cómo arrastraría los días a partir de entonces, porque ya no era sólo eso, era todo. En cuanto me di cuenta, el vagabundo ya no estaba.
Salí de la iglesia aún con las mejillas calientes, e, inusual en mí, volví a casa por el camino más corto.
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Y venga existencialismo, y venga...
The stranger song - Leonard Cohen
domingo, 12 de julio de 2009
Standing there
El tiempo en los viajes, a pesar de ser relevante por la funcion práctica de estos, no puede evitar ser desdibujado, como si en el medio de transporte hubiese un presente ajeno.
En especial, al tener un asunto o decision en mente, el tiempo se vuelve una tela que te envuelve y te asfixia minuto a minuto.
Yo en aquel viaje de tren tenía algo en mente. Una trivialidad, pero en fin, ya hacía tiempo que habia aceptado que las cosas pequeñas no tienen nada malo, que un adolescente no cambia el mundo.
La chica de enfrente era francamente bonita, nada especial, pero no sé qué habría ese día que sentí que debía saberlo. Porque seguro que lo sabía, solo le haría falta un espejo, pero probablemente no lo sabía. Ellas por desgracia no lo saben nunca, incluso cuando refulgen de veras, que hasta hacen sentir mal, como esa chica. Qué pelo, y qué ojos, y qué todo.
Saque mi pequeña libreta y un boli, y en una hoja escribí Eres muy guapa, con una caligrafía cuidada pero no fría. Me quedé mirándolo. Guapa era una palabra demasiado trivial; yo no quería un piropo, quería que supiese que era especial. En otra hoja escribí Eres muy dulce. Me encanta la palabra dulce, por asociarla a la palabra suave, a lo calmado, y así era ella: tenía una belleza calmada y armónica.
Arranqué la hoja y la doblé dos veces por la mitad. Ella esperaba de pie. ¿Tal vez se baje en esta? No creo, lleva todo el viaje así. Nos acercamos a la estación, y entonces me vino como una luz. Eres preciosa. Me saqué la libreta rapidamente, el tren paró, y en una hoja lo escribí efusivo como una llama. Ella ya bajaba del tren, arranqué la hoja e hice ademán de levantarme...no tenía mucho sentido ya, estaba demasiado lejos. Me senté de nuevo.
Pasé el resto del viaje mirando por el cristal, con el papel arrugado y sudoroso en la mano.
----
Knocking on Heaven's Door - Bob Dylan
En especial, al tener un asunto o decision en mente, el tiempo se vuelve una tela que te envuelve y te asfixia minuto a minuto.
Yo en aquel viaje de tren tenía algo en mente. Una trivialidad, pero en fin, ya hacía tiempo que habia aceptado que las cosas pequeñas no tienen nada malo, que un adolescente no cambia el mundo.
La chica de enfrente era francamente bonita, nada especial, pero no sé qué habría ese día que sentí que debía saberlo. Porque seguro que lo sabía, solo le haría falta un espejo, pero probablemente no lo sabía. Ellas por desgracia no lo saben nunca, incluso cuando refulgen de veras, que hasta hacen sentir mal, como esa chica. Qué pelo, y qué ojos, y qué todo.
Saque mi pequeña libreta y un boli, y en una hoja escribí Eres muy guapa, con una caligrafía cuidada pero no fría. Me quedé mirándolo. Guapa era una palabra demasiado trivial; yo no quería un piropo, quería que supiese que era especial. En otra hoja escribí Eres muy dulce. Me encanta la palabra dulce, por asociarla a la palabra suave, a lo calmado, y así era ella: tenía una belleza calmada y armónica.
Arranqué la hoja y la doblé dos veces por la mitad. Ella esperaba de pie. ¿Tal vez se baje en esta? No creo, lleva todo el viaje así. Nos acercamos a la estación, y entonces me vino como una luz. Eres preciosa. Me saqué la libreta rapidamente, el tren paró, y en una hoja lo escribí efusivo como una llama. Ella ya bajaba del tren, arranqué la hoja e hice ademán de levantarme...no tenía mucho sentido ya, estaba demasiado lejos. Me senté de nuevo.
Pasé el resto del viaje mirando por el cristal, con el papel arrugado y sudoroso en la mano.
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Knocking on Heaven's Door - Bob Dylan
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